Miami Herald
Publicado: Febrero 9, 2010
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Cuando el teléfono suena en su casa en Coral Gables, Lourdes Batista corre a atenderlo con la esperanza de escuchar alguna noticia de las autoridades acerca de su esposo Félix, quien fue secuestrado hace más de un año mientras estaba en un viaje de negocios en Saltillo, México.
Pero el caso de Félix Batista permanece en misterio desde el 10 de diciembre del 2008. Ese día, Batista, un asesor de seguridad internacional de 54 años, y quien irónicamente era un especialista antisecuestros, fue raptado en las afueras de un restaurante en Saltillo.
No hubo solicitud de rescate ni pistas sobre sus captores. Ni siquiera una pizca de información por parte de los investigadores. Sin embargo, Lourdes, también de 54 años, sigue decidida a mantener el caso abierto ante los ojos de la opinión pública.
``Nunca me rendiré en la búsqueda de mi marido'', dijo con lágrimas en los ojos durante una entrevista con El Nuevo Herald.
Trabajando en conjunto con su cuñada, Lourdes creó una página web y un blog, ante la eventualidad de que alguien quisiera compartir información sobre el paradero de Batista. Lourdes incluso ofreció una recompensa a quien estuviera dispuesto a hablar, aunque la información fuera escasa. Hasta hoy, nadie se ha acercado.
El mes pasado, Lourdes viajó a Washington, D.C., con su cuñada y dos de sus cinco hijos, y se reunió con el senador demócrata Bill Nelson y la representante republicana Ileana Ros-Lehtinen, ambos de la Florida, quienes ayudaron a arreglar una reunión cara a cara con funcionarios del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y con Arturo Sarukhan, embajador de México en Estados Unidos. Sarukhan prometió que las autoridades mexicanas no cerrarían el caso ni cesarían en la búsqueda de Batista.
``No obtuve información nueva, pero me siento más aliviada porque ahora sé que hay caras detrás del tema y se humaniza más nuestra historia'', afirmó Lourdes, quien reconoció estar frustrada con los investigadores en México.
Por otro lado, Lourdes agradece los esfuerzos de los funcionarios del FBI y del Departamento de Estado, al igual que Ros-Lehtinen y Nelson, quienes han presionado a las autoridades estadounidenses y mexicanas para que resuelvan el caso. ``Un ciudadano estadounidense nos necesita y su familia está sufriendo'', dijo Nelson.
Batista había ido a Saltillo para dar un discurso y una presentación sobre la manera de evitar secuestros. El ex oficial del ejército era un experto en el tema, y trabajaba como asesor a través de ASI Global, una compañía de seguridad basada en Texas, que se especializa en situaciones de negociación de secuestros para empresas y clientes privados.
Mientras comía con empresarios locales en el restaurante Principal, Batista se levantó de la mesa después de recibir una llamada telefónica de una persona cuya identidad las autoridades no han revelado.
Antes de levantarse, dejó todas sus pertenencias --un laptop, una bolsa pequeña y una tarjeta con su número de teléfono-- con una de las personas que estaba en la cena e hizo una extraña petición: pidió que contactaran a su esposa en caso de que no pudieran ubicarlo en los próximos 30 minutos.
Esa es la última vez que alguien vio a Félix Batista.
Desde el secuestro, Lourdes se ha enterado de pocos detalles sobre lo que sucedió ese día. Investigadores mexicanos le han dicho que su marido fue visto subiéndose a un furgón que se detuvo afuera del restaurante.
Ese día, en el sur de la Florida, Lourdes recuerda haber recibido dos llamados telefónicos de ASI Global. Durante el primero le preguntaron si había tenido contacto con su marido en las últimas horas, a lo cual respondió que no.
Luego, esa misma noche, llamaron para confirmar que Batista había sido secuestrado por cuatro personas no identificadas. ``Pensé que era una broma de mal gusto, porque mi marido nunca recibió amenazas ni tenía enemigos. Cuando supe que era en serio, entré en pánico. Mi mundo se dio vuelta, el hombre con el que compartí todo y el amor de mi vida había desaparecido'', dijo Lourdes, que conocía a Batista desde que era adolescente, cuando vivían en Nueva York.
Lourdes y sus cinco hijos, con edades entre 17 y 29 años, no pierden las esperanzas de que Batista sea encontrado con vida. En su casa, mantienen su clóset intacto y construyeron un altar que permanecerá iluminado con velas hasta que regrese. Rezan mañana y noche por él y por todas las familias y parientes de víctimas de secuestros.
``Gracias a Dios tengo la fe y creo en los milagros'', concluyó Lourdes. ``Si no, no soportaría esta realidad, que no puedo aceptar y que tiendo a rechazar''.
Para más información sobre Batista y su familia visite www.felixbatista.org . Si tiene algún tipo de información o datos sobre este caso, envíe un correo electrónico a infofelixbatista@gmail.com